Cholesterol

Investigación

Por Qué los Adultos Más Jóvenes Deben Hacerse Pruebas y Recibir Tratamiento para los Niveles de Colesterol Alto

Desde hace mucho tiempo, los niveles de colesterol poco saludables se han considerado una condición que afecta principalmente a los adultos mayores. Sin embargo, las nuevas directrices publicadas por el American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA) están transformando esa percepción, y destacando una necesidad crítica de realizar pruebas y tratamientos de manera más temprana, especialmente entre los adultos más jóvenes.

Con casi 1 de cada 4 adultos en los EE. UU. viviendo con niveles elevados de colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL), a menudo denominado "colesterol malo", los expertos afirman que el momento de actuar no es más adelante en la vida, sino mucho antes.

“Esto es importante porque las calculadoras de evaluación de riesgo de las enfermedades cardiovasculares ayudan a orientar las decisiones de tratamiento en la práctica clínica real”.
Heather Johnson, M.D., directora de cardiología preventiva para servicios de la mujer de Baptist Health Heart & Vascular Care en el Christine E. Lynn Women's Health & Wellness Institute, y profesora asociada clínica afiliada de Florida Atlantic University.

Un Cambio Hacia una Intervención Más Temprana

Las directrices actualizadas sobre la dislipidemia enfatizan un enfoque proactivo: identificar y controlar los niveles de colesterol antes de que se produzcan daños a largo plazo. La dislipidemia es un desequilibrio de los lípidos (grasas) en la sangre; específicamente, niveles altos de colesterol LDL ("malo"), niveles bajos de colesterol HDL ("bueno"), triglicéridos altos o niveles elevados de lipoproteína (a).

Heather Johnson, M.D., directora de cardiología preventiva para servicios de la mujer de Baptist Health Heart & Vascular Care en el Christine E. Lynn Women's Health & Wellness Institute, y profesora asociada clínica afiliada de Florida Atlantic University, formó parte de la junta directiva y del comité de redacción de las Directrices sobre Dislipidemia, el cual estuvo compuesto por representantes del ACC, la AHA y otras nueve asociaciones médicas destacadas.

"El objetivo del comité de redacción era desarrollar directrices que fueran oportunas, basadas en la evidencia más reciente y prácticas para el médico clínico", afirma la Dra. Johnson. "Estas directrices reflejan lo que ahora comprendemos mucho mejor que hace años: necesitamos tratar la dislipidemia (trastornos del colesterol) de manera más temprana. Esperar a que una persona desarrolle una enfermedad cardíaca puede significar haber perdido una oportunidad anterior para prevenirla".

Creando Estrategias de Tratamiento Más Tempranas

Las nuevas directrices refuerzan la idea de que reducir el colesterol LDL de manera temprana, y mantenerlo bajo a lo largo del tiempo, disminuye significativamente el riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un infarto cerebral más adelante en la vida.

"La conclusión principal es que las anomalías de la dislipidemia deben identificarse y abordarse de manera más temprana, mediante un plan de tratamiento individualizado, y no solo después de que se haya desarrollado una enfermedad cardíaca", añade la Dra. Johnson. "Estas directrices proporcionan a los pacientes y a los médicos herramientas basadas en la evidencia para identificar el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD) con mayor antelación y tomar medidas de forma más temprana".

Tom C. Nguyen, M.D., FACS, FAC, director médico ejecutivo de Baptist Health Heart & Vascular Care, director de Cirugía Mínimamente Invasiva y titular de la Cátedra Barry T. Katzen en Miami Cardiac & Vascular Institute califica las directrices actualizadas como un avance necesario en la cardiología preventiva.

“Las directrices de la ACC/AHA, recientemente publicadas, ofrecen un enfoque más integral para reducir el riesgo de enfermedades cardíacas e infartos cerebrales, abarcando desde cambios en el estilo de vida hasta objetivos de colesterol y estrategias de tratamiento más claros”, explica el Dr. Nguyen, quien también es profesor y jefe del Departamento de Ciencias Cardiovasculares en la Facultad de Medicina Herbert Wertheim de la Universidad Internacional de Florida. “También introducen la calculadora de riesgo PREVENT, la cual ayuda a los médicos a evaluar y gestionar el riesgo cardiovascular de manera más temprana y precisa”.

El Dr. Nguyen extiende sus felicitaciones a la Dra. Johnson, quien formó parte del comité de redacción y representó a Baptist Health Heart & Vascular Care junto a líderes nacionales en cardiología. “Su trabajo refleja nuestro compromiso continuo de promover una atención basada en la evidencia y mejorar los resultados para los pacientes y las comunidades a las que servimos”, afirmó.

Por Qué los Adultos Más Jóvenes Corren Riesgo

Los adultos más jóvenes pueden asumir que están protegidos contra las enfermedades cardíacas debido a su edad, pero esa suposición puede ser engañosa. Los factores relacionados con el estilo de vida, tales como una dieta deficiente, el sedentarismo, el estrés y la falta de sueño, así como la predisposición genética, pueden contribuir a elevar los niveles de colesterol incluso en personas de entre 20 y 30 años.

La Dra. Johnson añade que el colesterol alto es solo parte de un problema más amplio. “El colesterol alto es un componente de la dislipidemia; sin embargo, la dislipidemia es el término más amplio, ya que engloba varios tipos de grasas sanguíneas anormales que pueden aumentar el riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un infarto cerebral”, señala.

Una Evaluación de Riesgos Más Personalizada

Una de las actualizaciones más significativas de las nuevas directrices es la introducción de la calculadora de riesgo PREVENT. Esta herramienta estima el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares, tanto a 10 como a 30 años, en adultos de entre 30 y 79 años, lo que permite a los médicos adaptar el tratamiento con mayor precisión.

“Esto es importante porque las calculadoras de evaluación de riesgo de las enfermedades cardiovasculares ayudan a orientar las decisiones de tratamiento en la práctica clínica real”, afirma la Dra. Johnson. “El objetivo es lograr una reducción más temprana del colesterol LDL (LDL-C) para la prevención de las enfermedades cardíacas”.

Destaca que esta nueva herramienta favorece una atención más individualizada. “Para los lectores, eso significa una conversación más individualizada: no solo “¿Cuál es tu nivel de colesterol?”, sino “¿Cuál es tu riesgo general y deberíamos actuar antes para reducirlo?”, explica.

Más Allá de las Puntuaciones Tradicionales de Colesterol

Las directrices actualizadas también hacen hincapié en mirar más allá de las pruebas estándar de colesterol. Los biomarcadores adicionales, tales como la lipoproteína(a) [Lp(a)], la apolipoproteína B (apoB), la proteína C reactiva de alta sensibilidad (hsCRP) y los triglicéridos, pueden ofrecer una imagen más completa del riesgo cardiovascular.

“Estas pruebas nos ayudan a mirar más allá de un panel estándar de colesterol”, afirmó la Dra. Johnson. “Una tomografía de calcio en las arterias coronarias, o CAC, es una tomografía computarizada (TC) rápida y sin contraste que busca la presencia de placa endurecida en las arterias del corazón; puede revelar si ya existe una aterosclerosis avanzada, incluso antes de que se manifiesten los síntomas”.

Ella añade que otros marcadores pueden revelar riesgos ocultos.

“La lipoproteína(a), o Lp(a), es una partícula relacionada con el colesterol LDL que es, en gran medida, de origen hereditario; unos niveles elevados pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas, valvulopatías e infartos cerebrales es, incluso si las cifras rutinarias de colesterol no parecen alarmantes”, afirma.

Objetivos Más Bajos, Mayor Protección

Otro cambio clave en las pautas es la recomendación de establecer objetivos de colesterol LDL más bajos, basándose en el nivel de riesgo de cada individuo. Para muchos pacientes, especialmente para aquellos con un riesgo más elevado, el objetivo actual es significativamente inferior al establecido en las pautas anteriores.

El énfasis está en reducir la exposición a lo largo de la vida a niveles de colesterol perjudiciales, un aspecto de particular importancia para los adultos más jóvenes, quienes tienen por delante décadas de riesgo potencial.

Cuando los Cambios en el Estilo de Vida no son Suficientes

Los cambios en el estilo de vida siguen constituyendo la base del control del colesterol. Mantener un peso saludable, hacer ejercicio con regularidad, evitar el tabaco, seguir una dieta cardiosaludable y priorizar el descanso nocturno son pasos fundamentales.

“El mensaje más importante es que los hábitos pequeños y constantes marcan la diferencia”, afirma la Dra. Johnson. “Animo a los pacientes a empezar por lo básico: estructurar sus comidas en torno a verduras, frutas, cereales integrales, carbohidratos saludables y proteínas magras”.

Ella hace hincapié en la sostenibilidad por encima de las soluciones a corto plazo.

“Lo que más ayuda es realizar pequeños cambios centrados en una dieta equilibrada, lo cual facilita su mantenimiento a largo plazo”, añade. “El riesgo cardíaco viene determinado por aquello que hacemos de forma constante, y no solo por lo que hacemos durante una o dos semanas”.

Al mismo tiempo, las pautas reconocen que los cambios en el estilo de vida, por sí solos, podrían no ser suficientes para todos. La medicación —incluyendo las estatinas y las terapias más novedosas— puede resultar necesaria para reducir el riesgo de manera adecuada.

El Papel de las Pruebas Avanzadas

Para algunos pacientes, las pruebas adicionales, tales como las tomografías para medir el calcio en las arterias coronarias (CAC), y las mediciones de Lp(a) y ApoB, pueden ayudar a esclarecer el riesgo cardiovascular y orientar las decisiones terapéuticas.

“La apolipoproteína B, o ApoB, mide la cantidad de partículas de colesterol potencialmente nocivas que pueden penetrar en las paredes arteriales; esto, en ocasiones, puede ofrecer una imagen del riesgo más clara que la que proporciona el colesterol LDL por sí solo”, explica la Dra. Johnson.

En conjunto, estas herramientas permiten a los clínicos identificar con mayor precisión a aquellos pacientes que podrían beneficiarse de un tratamiento más temprano o más intensivo.

Abordando Más Allá del Colesterol LDL

Las directrices también amplían su enfoque más allá del colesterol LDL para incluir afecciones como la hipertrigliceridemia.

“La hipertrigliceridemia significa que los triglicéridos, otro tipo de grasa presente en la sangre, se encuentran elevados”, señala la Dra. Johnson. “Esto es relevante, ya que unos niveles elevados de triglicéridos se asocian con un mayor riesgo cardiovascular; además, unos niveles extremadamente altos pueden incrementar también el riesgo de padecer pancreatitis”.

Ella destaca que una atención integral debe abordar todas las anomalías lipídicas.

“Es importante que las directrices incluyan este aspecto, dado que los problemas lipídicos no se limitan únicamente al colesterol LDL; una estrategia de prevención completa debe abarcar todo el espectro de grasas sanguíneas anómalas”, afirma.

Poblaciones Especiales y Atención Individualizada

Otra actualización fundamental es la inclusión de recomendaciones específicas para poblaciones de mayor riesgo, entre las que se encuentran las personas con diabetes, enfermedad renal crónica, VIH, cáncer y mujeres embarazadas.

“Las directrices sobre dislipidemias subrayan que un enfoque estandarizado, válido para todos por igual— no resulta apropiado”, comenta la Dra. Johnson. “Disponer de recomendaciones específicas para cada afección permite a los clínicos adaptar la atención de manera más segura y eficaz, en lugar de tratar a todos los pacientes siguiendo un mismo patrón rígido”.

La Prevención Comienza Temprano, Incluso en la Infancia

Las directrices también ponen de relieve que el riesgo cardiovascular puede manifestarse en etapas tempranas de la vida. Actualmente, se recomienda realizar pruebas de detección de colesterol a los niños de entre 9 y 11 años de edad.

“Este hecho reviste una gran importancia, pues refuerza la idea de que la prevención cardiovascular constituye, en realidad, una cuestión que abarca todo el ciclo vital”, afirma la Dra. Johnson. “Realizar pruebas de detección a los niños en el rango de edad de 9 a 11 años puede ayudar a identificar trastornos hereditarios del colesterol con la antelación suficiente para marcar una diferencia significativa”.

Un Llamado a la Acción para los Adultos Jóvenes

El mensaje de los cardiólogos es inequívoco: no esperen.

Someterse a pruebas rutinarias de detección del colesterol, comprender los propios factores de riesgo y actuar de manera temprana puede reducir significativamente la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares en etapas posteriores de la vida.

En última instancia, las pautas actualizadas marcan un cambio hacia la prevención, al reconocer que las enfermedades cardíacas son, en gran medida, evitables mediante una atención oportuna y personalizada.

“Se trata de lograr que una detección más temprana conduzca a un tratamiento más temprano”, afirma la Dra. Johnson. “El siguiente paso consiste en asegurar que estos avances se apliquen de manera constante y equitativa, para que más personas puedan beneficiarse de la atención preventiva”.

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