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El abuso de fármacos con receta: Peligros y soluciones

Los Centros Para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE.UU. (CDC por sus siglas en inglés) estiman que alrededor de 100 personas mueres diariamente debido a una sobredosis de drogas, principalmente de medicamentos recetados. Eso es más que por accidentes de tránsito, violencia armada y varios otros tipos de fatalidades. Eso significa que Estados Unidos está en medio de una epidemia de medicamentos recetados, según los CDC, el Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA por sus siglas en inglés y otras agencias del gobierno.

Un reporte publicado por los CDC a principios de este año, encontró que una sobredosis fatal de opiáceos o analgésicos reclama la vida de 46 personas cada día, más de una persona por hora. Los fármacos que se abusan más comúnmente son los opiáceos (OxyContin, Vicodin y Percoset), las drogas para tratar la depresión y la ansiedad (como el Xanax) y los estimulantes recetados para los trastornos de déficit de atención (TDAH) y la narcolepsia.

“Lo que falta a menudo de estos debates acerca de la epidemia y las modalidades de tratamiento, es la realidad médica de la adicción como una enfermedad del cerebro independiente de la droga – medicamento recetado, alcohol o drogas ilegales”, dijo John Eustace M.D., director médico del South Miami Hospital Addiction Treatment & Recovery Center.

En aproximadamente el 10 por ciento de las personas, las drogas y el alcohol afectan el cerebro a tal punto que el uso de una sustancia aumenta el deseo de seguir usando. El 90 por ciento restante de la población no se convertirá en adicto al alcohol o a las drogas e inclusive puede tener la reacción opuesta. Las distintas respuestas del cerebro y del cuerpo, dijo el doctor, no hacen a una persona buena y a otra mala. Por el contrario, es una función de la enfermedad.

Además, faltando del debate está la diferencia entre personas que llegan a depender de una droga después de un tratamiento legítimo para el dolor por causa de una cirugía o una fractura seria, y aquellos que son adictos a la droga luego del uso recreativo.

“La confusión está en la diferencia entre la adicción primaria, que causa el ansia, la compulsión, la pérdida de control, en contraposición a la dependencia fisiológica, donde una persona tomó el medicamento por una motivo físico real – la cirugía o el dolor de una fractura – pero el químico creó un cambio neuroquímico para que el paciente necesite la droga para funcionar”, dijo el Dr. Eustace.

Este tipo de dependencia después de una cirugía o tratamiento puede ocurrir cuando el uso a largo plazo de un medicamento recetado para tratar el dolor, no es monitoreado apropiadamente, dijo. En ese caso, el usuario no experimenta la intensa “alta” de una persona que está adicta.

“No es una fiesta; no es eufórico; no es criminal”,  dijo el Dr. Eustace. “Es neurofisiológico y a medida que pasa el tiempo, esa misma dosis no funciona. El paciente puede pensar ‘Si no tomo una dosis más alta, no voy a poder funcionar. Voy a tener más dolor, más ansiedad’. Si el médico no entiende el proceso, si el paciente no entiende eso y si la intervención no se hace humanamente, con compasión, con el tratamiento apropiado, todos van a sufrir”.

El tratamiento para ese paciente sería distinto que para alguien cuyo diagnóstico primario es adicción, dijo. Sin un diagnóstico apropiado, los problemas del paciente podrían empeorar.

“El paciente va a tener que robar, intercambiar, cruzar a otra droga, o acudir al uso de la heroína. Eso fue lo que pasó con las oficinas médicas que dispensaban sustancias controladas sin necesidad médica (los pill mills). Se convirtieron en lugares a donde la gente iba a obtener la droga y a abusar de la receta”, dijo el Dr. Eustace.

A fin de cuentas, dijo, la epidemia, al igual que el problema del abuso de drogas y las sobredosis fatales, está hecho de la interacción de tres componentes: la droga que se usa, el usuario y el ambiente.

Con más que suficientes contribuyentes al problema, dijo el Dr. Eustace, la solución implica un mayor enfoque en el tratamiento y en aumentar  los fondos para programas de tratamiento y recuperación, combinados con un enfoque médico compasivo hacia la adicción y la dependencia a la drogas – sin vergüenza, sin culpabilidad y sin otros estigmas que disuaden a la gente de buscar ayuda.

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