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Neuróloga: Cómo las Cosas Cotidianas Pueden Desencadenar una Convulsión
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Vivir con la posibilidad de una convulsión puede resultar impredecible. A menudo genera una sensación de incertidumbre sobre cuándo o por qué podría ocurrir. Pero, ¿y si pudieras tener un poco más de control al comprender los factores sutiles que podrían influir en ellas?
“¿Sabías que las convulsiones a veces pueden ser desencadenadas por cosas cotidianas?”, pregunta Pooja Patel, M.D., neuróloga y directora de la Unidad de Monitoreo de Epilepsia (EMU) de Marcus Neuroscience Institute, que forma parte de Baptist Health, en un reciente reel de Instagram de Baptist Health. “Las convulsiones pueden tener muchos desencadenantes distintos, e identificar los tuyos puede ser clave para controlarlas”.
Comprender estos desencadenantes es un paso importante para cuidar tu salud, añade.
¿Qué es una Convulsión?
Una convulsión es una alteración eléctrica repentina e incontrolada en el cerebro. Puede causar cambios en el comportamiento, los movimientos, las sensaciones y el nivel de conciencia. Las células nerviosas del cerebro, o neuronas, normalmente se comunican enviando señales eléctricas y químicas a través de las sinapsis. Cuando hay un aumento repentino y anormal de la actividad eléctrica, se interrumpe esta comunicación normal, lo que resulta en una convulsión.
No todas las convulsiones son iguales. Algunas personas pueden experimentar convulsiones, conocidas como convulsiones tónico-clónicas, que es lo que muchas personas imaginan cuando piensan en una convulsión. Sin embargo, otras son mucho más sutiles. Una persona puede quedarse mirando fijamente al vacío durante unos segundos, experimentar movimientos involuntarios en un brazo o una pierna, o sentirse confundida.
Tener una sola convulsión no significa automáticamente que tengas epilepsia. La epilepsia es una condición neurológica caracterizada por dos o más convulsiones no provocadas. La fiebre alta, las lesiones en la cabeza u otros problemas médicos también pueden causar una convulsión aislada. Independientemente de la causa, comprender qué factores aumentan la probabilidad de que ocurran es fundamental.
Desencadenantes Cotidianos Comunes
El concepto de “umbral convulsivo” es importante aquí. Piensa en ello como un punto de inflexión. Todas las personas tienen un umbral convulsivo, pero para las personas con epilepsia o una predisposición a las convulsiones, ese umbral es más bajo. Ciertos factores internos y externos pueden reducir aún más este umbral, lo que hace que una convulsión sea más probable.
La Dra. Patel explica que estos desencadenantes pueden variar significativamente de una persona a otra. “Para algunas personas, puede ser la falta de sueño o el olvido de la medicación. Y para otras, pueden ser las luces brillantes, la deshidratación o el estrés. Los desencadenantes de cada persona pueden ser un poco diferentes”.
Analicemos algunos de los desencadenantes cotidianos más comunes.
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Olvidar Tomar Medicamento
Para las personas diagnosticadas con epilepsia, la medicación es la base del tratamiento. Los medicamentos anticonvulsivos actúan estabilizando la actividad eléctrica del cerebro. Olvidar incluso una sola dosis puede alterar esta estabilidad, aumentando significativamente el riesgo de una convulsión. Es fundamental tomar la medicación exactamente como la recetó el médico. Configurar alarmas diarias o usar un pastillero puede ayudar a mantener la constancia. -
Falta de Sueño
Durante el sueño, el cerebro se recarga y se restablece. Cuando hay privación del sueño, el cerebro se fatiga, lo que puede hacerlo más propenso a la actividad eléctrica anormal. Tanto la falta de sueño como los patrones de sueño irregulares pueden disminuir el umbral de convulsiones. Dormir entre 7 y 9 horas de sueño reparador cada noche es una forma eficaz y no farmacológica de cuidar la salud cerebral. -
Estrés
El estrés emocional es un desencadenante de convulsiones bien documentado. Cuando se está estresado, el cuerpo libera hormonas como el cortisol, que pueden afectar la función cerebral. Aunque es imposible evitar todo el estrés, desarrollar mecanismos para afrontarlo puede marcar una gran diferencia. Prácticas como la atención plena, la meditación, los ejercicios de respiración profunda o el yoga suave pueden ayudar a controlar la respuesta del cuerpo al estrés. -
Enfermedad y Fiebre
Estar enfermo somete al cuerpo a estrés físico. La fiebre, en particular, puede ser un desencadenante potente, especialmente en niños. Los cambios metabólicos que ocurren cuando el cuerpo combate una infección pueden alterar la actividad cerebral y aumentar la susceptibilidad a las convulsiones. Durante una enfermedad, es importante descansar, mantenerse hidratado y controlar la fiebre siguiendo las indicaciones de tu proveedor de atención de salud. -
Deshidratación y Nutrición
El cerebro necesita un suministro constante de nutrientes e hidratación para funcionar correctamente. Saltarse las comidas puede provocar niveles bajos de azúcar en la sangre, lo que puede desencadenar una convulsión. De igual manera, no beber suficiente agua puede provocar deshidratación y un desequilibrio electrolítico, alterando el delicado sistema eléctrico del cerebro. Priorizar comidas regulares y equilibradas y una hidratación constante es una estrategia simple pero efectiva. -
Luces intermitentes (Fotosensibilidad)
Aunque es uno de los desencadenantes más conocidos, la epilepsia fotosensible es relativamente poco común y afecta a un pequeño porcentaje de personas con epilepsia. Para quienes son sensibles, la exposición a luces intermitentes o parpadeantes, como las luces estroboscópicas, los videojuegos o incluso la luz del sol que se filtra entre los árboles, puede provocar una convulsión. Si eres fotosensible, usar gafas de sol polarizadas o evitar los entornos con luces intermitentes puede ser útil.
Cómo identificar y controlar tus desencadenantes
Entonces, ¿cómo puedes identificar tus desencadenantes específicos? La clave está en la observación y el registro. La Dra. Patel recomienda un enfoque proactivo: “Estos factores pueden disminuir el umbral de convulsiones, lo que te hace más susceptible a tener una convulsión en ese momento. Es importante registrar tus convulsiones y saber qué estabas haciendo justo antes y cuándo ocurrieron”.
Comienza un diario de convulsiones. Puede ser una simple libreta o una aplicación en tu teléfono. Después de una convulsión, o si sientes un aura, tómate un momento para anotar los detalles clave.
Considera lo siguiente al registrar cada episodio:
- Fecha y hora de la convulsión
- Qué estabas haciendo justo antes de que ocurriera
- Cómo te sentías (estresado, cansado, ansioso)
- Cuánto dormiste la noche anterior
- Qué comiste y bebiste ese día
- Si olvidaste tomar algún medicamento
- Tu entorno (por ejemplo, si había luces brillantes o hacía calor)
Con el tiempo, pueden comenzar a surgir patrones en tu registro. Compartir esta información con tu neurólogo es de gran valor. Le ayudará a ajustar tu plan de tratamiento y a brindarte consejos personalizados para controlar tu estilo de vida.
“Identificar pequeñas pistas, como saltarse una comida o acostarse demasiado tarde, puede tener un gran impacto”, enfatiza el Dr. Patel. “Cuanto más aprendas sobre tus desencadenantes, más fácil será anticiparte a ellos”.
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