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Ciencia

Una Visita a la Sala de Emergencias Revela Algo Más: Un Aneurisma Cerebral Potencialmente Mortal

Martha Hernández no fue al hospital por un aneurisma cerebral, sino por urticaria. La erupción había comenzado un domingo y se había extendido desde los muslos hasta el pecho y la cara. Luego vinieron dolores de cabeza y una presión arterial peligrosamente alta, lo que la llevó a acudir al departamento de emergencia de Baptist Health Baptist Hospital.

 

Lo que comenzó como la búsqueda de un problema reveló otro mucho más serio: un pequeño aneurisma cerebral. Y lo que sucedió después le salvaría la vida.

 

(No dejes de verlo: Sufriendo de urticaria, presión  alta y dolores de cabeza, Martha Hernández buscó atención de emergencia en Baptist Health Baptist Hospital. Lo que comenzó como la búsqueda de un problema reveló otro mucho más serio: un aneurisma cerebral. Y lo que sucedió después le salvaría la vida. Video en inglés por Alcyene de Almeida Rodrigues.)

 

Una Mujer Trabajadora y Siempre Ocupada

La Sra. Hernández, de 40 años, ayuda a administrar el negocio familiar de carpintería y fabricación de exhibidores para tiendas en Doral. Es esposa, madre e hija. También dirige Amor y Fuerza, una organización sin fines de lucro que apoya a niños y comunidades vulnerables en Miami y en su Honduras natal. En su tiempo libre, crea y vende arreglos florales, una actividad que más tarde se convirtió en parte de su proceso de sanación.

 

“Soy una persona trabajadora. Soy una gran madre, una gran amiga”, dice la Sra. Hernández cuando se le pide que se describa. “Nunca digo que no. Si puedo ayudar y si puedo decir que sí, ¿por qué decir que no?”

 

Un Hallazgo Fortuito

La Sra. Hernández nunca había tenido urticaria, pero sí problemas de presión alta. Cuando la urticaria comenzó a reaparecer y también comenzó a tener dolores de cabeza, fue al departamento de emergencia de Baptist Hospital. Las pruebas de imagen revelaron un pequeño aneurisma cerebral.

 

“El aneurisma cerebral fue un hallazgo fortuito”, comenta. “Es increíble cómo fui por una cosa y me encontraron otra. Si no hubiera tenido urticaria, jamás hubiera sabido que tenía un aneurisma que podía romperse en cualquier momento. Ir a la sala de emergencias me salvó la vida”.

 

Una Angiografía Revela Noticias Preocupantes

La Sra. Hernández consultó con especialistas y fue referida a Guilherme Dabus, M.D., neurorradiólogo intervencionista y codirector del Programa de Neurorradiología Intervencionista de Baptist Health Miami Neuroscience Institute.

 

Al principio, el aneurisma parecía pequeño en la angiografía por resonancia magnética (ARM). Pero el Dr. Dabus sabía que se necesitaban imágenes más precisas.

 

“La angiografía por resonancia magnética es una buena herramienta de detección, pero carece de mucha definición”, afirma. “Por eso, le recomendamos que se sometiera a un procedimiento mínimamente invasivo con catéter llamado angiografía cerebral, que es el estándar de oro para evaluar los vasos intracraneales, en particular los aneurismas intracraneales”.

 

La angiografía reveló noticias inquietantes. El aneurisma era más grande de lo esperado, y mucho más peligroso.

 

“Para mi sorpresa, cuando ella llegó y se le realizó la prueba, su aneurisma resultó ser más grande de lo que habíamos pensado inicialmente, y pudimos ver que no se trataba de un aneurisma típico”, recuerda el Dr. Dabus. “Era lo que denominamos un aneurisma disecante”.

 

Un Diagnóstico Peligroso

Los aneurismas disecantes son más raros que el tipo sacular, que es el más común. Además, conllevan un riesgo mayor. En el caso de la Sra. Hernández, el aneurisma se encontraba en la arteria basilar, un vaso sanguíneo principal que irriga la parte posterior del cerebro.

 

“Un aneurisma disecante no es nada común; de hecho, es muy raro”, afirma el Dr. Dabus. “Si no se hubiera tratado, las consecuencias habrían podido ser catastróficas”.

 

Lo que lo hacía especialmente peligroso, añade, era la fragilidad de la pared del vaso. “Si ese aneurisma se rompe, el resultado suele ser devastador para el paciente”, declara el Dr. Dabus. “La mayoría de los pacientes fallecen o quedan severamente incapacitados”.

 

Ante una Compleja Cirugía Cerebral

Después de la angiografía, el Dr. Dabus fue a ver a la Sra. Hernández mientras ella se encontraba en la sala de recuperación y le instó a someterse a un tratamiento inmediato. Ella esperaba regresar a casa ese mismo día; en cambio, se enteró de que sería ingresada en el hospital y que, a la mañana siguiente, se sometería a una cirugía cerebral bastante compleja.

 

“Cuando me comunicó el diagnóstico, me quedé sin palabras”, relata la Sra. Hernández. “Sentí que mi vida llegaba a su fin”.

 

En ese momento se encontraba sola. Su hija la había dejado allí esperando que fuera una consulta ambulatoria rutinaria, y su madre debía pasar a recogerla más tarde.

 

“Estaba llorando, pero, al mismo tiempo, no podía creerlo”, recuerda. “Ni siquiera había cumplido los 40 años. Sufrir un aneurisma cerebral a los 39 años fue una un gran shock”.

 

Aun así, tomó la decisión que acabaría salvándole la vida, de permitir que el Dr. Dabus procediera con la cirugía.

 

“Le dije: "Está bien, confío en usted; si es necesario hacerlo, entonces lo haremos", cuenta ella. “Siendo realistas, no había otra opción”.

 

Precisión, Trabajo en Equipo y Atención Avanzada

En Miami Neuroscience Institute, la Sra. Hernández tuvo acceso a un equipo diseñado específicamente para este tipo de casos de alto riesgo.

 

“Aquí, contamos con todas las especialidades trabajando en conjunto para ofrecer el mejor plan de tratamiento posible a los pacientes”, afirma el Dr. Dabus. “Nuestros médicos son sumamente competentes y capaces de ejecutar ese plan con gran destreza; y eso es precisamente lo que brinda a los pacientes la mejor oportunidad de obtener un resultado exitoso”.

 

El tratamiento en sí se llevó a cabo desde el interior del vaso sanguíneo, utilizando un enfoque endovascular mínimamente invasivo que el Dr. Dabus explica en términos simples.

 

“Accedemos al vaso sanguíneo a través de la ingle o de la muñeca y entonces guiamos los catéteres a través del sistema vascular hasta llegar al cuello del paciente, localizando el vaso que alberga el aneurisma en el cerebro”, explica.

 

“Una vez allí, luego de realizar un mapeo de la zona con rayos X y contraste, introducimos unos tubos diminutos que denominamos microcatéteres. Estos penetran en el interior del aneurisma, el cual procedemos a rellenar con unos pequeños hilos de platino que llamamos “coils” o espirales.

 

En el caso de la Sra. Hernández, el Dr. Dabus también implantó un stent: un diminuto tubo de malla diseñado para reforzar el vaso sanguíneo y sellar el aneurisma.

 

“El stent cubre el cuello del aneurisma, reconstruye el vaso dañado y contribuye a ocluir el aneurisma”, señala.

 

Planificación Ante Cualquier Eventualidad

A pesar de una planificación minuciosa, el procedimiento conllevaba un riesgo real. El Dr. Dabus comenta que los cirujanos siempre se preparan para una variedad de posibilidades antes de comenzar cualquier intervención. “Siempre tenemos un plan A, un plan B y un plan C”, afirma.

 

Además, añade que los aneurismas disecantes, debido a su propia naturaleza, se considera presentan un mayor riesgo de ruptura.

 

“La pared de este tipo de aneurismas es extremadamente delgada; por consiguiente, durante el tratamiento, existe un riesgo elevado de que el aneurisma — o incluso el vaso sanguíneo en su totalidad — se rompa repentinamente, provocando una hemorragia masiva”, explica el Dr. Dabus.

 

Afortunadamente, el procedimiento de la Sra. Hernández se desarrolló exactamente tal como se había previsto.

 

“Su caso era complejo y presentaba dificultades, pero logramos ejecutar el plan que habíamos diseñado para ella, y todo transcurrió a la perfección”, concluye el Dr. Dabus.

 

Una Vida Recuperada, Con un Nuevo Propósito

Cuando la Sra. Hernández despertó después de la cirugía, su madre estaba a su lado.

 

“En realidad, pensé que apenas iba a entrar al procedimiento”, relata ella. “Pero mi mamá me aclaró: ‘No, ya terminó. Estás bien’ ”.

 

La Sra. Hernández pasó unos días recuperándose en la Unidad de Cuidados Intensivos y luego regresó a casa para guardar unos días de reposo estricto sin levantar peso. Para una mujer acostumbrada al movimiento constante, esa quietud representó un desafío en sí misma.

 

“Soy una persona muy activa; siempre estoy haciendo algo”, comenta. “En este caso, no podía hacer absolutamente nada”.

 

Con el tiempo, se recuperó. Las pruebas de imagen de seguimiento mostraron el cierre total del aneurisma y la reparación del vaso sanguíneo dañado.

 

“Martha está muy bien y su pronóstico es excelente”, afirma el Dr. Dabus. “Siempre y cuando siga asistiendo a sus citas de seguimiento y tome sus medicamentos para la presión arterial, debería llevar una vida totalmente normal”.

 

Agradecida por Estar Viva

Para la Sra. Hernández, esa vida normal es todo menos insignificante.

 

 

Ella continúa ayudando con el manejo del negocio familiar. A través de la organización Amor y Fuerza, ella y su familia organizan eventos de recaudación de fondos; brindan apoyo a escuelas clasificadas bajo el Título I; suministran alimentos, uniformes y útiles escolares; y ayudan a comunidades vulnerables tanto en Honduras como en el Sur de Florida. También ha incursionado en el diseño floral, una vía de expresión creativa que le ayudó a recuperar la estabilidad emocional después de su cirugía.

 

“Justo después de la operación, lo que me ayudó a mantener los pies en la tierra fueron las flores”, cuenta. “Empecé a crear arreglos florales, y eso se convirtió en mi terapia”.

 

Su perspectiva ha cambiado, pero su sentido de propósito no ha hecho más que profundizarse. 

 

“Estoy agradecida por estar viva”, dice. “Sé que estoy aquí con un propósito: continuar con la organización sin fines de lucro y seguir ayudando a los demás”.

 

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