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¿Tienes Estos Primeros Signos de Enfermedad Arterial Periférica?

La enfermedad arterial periférica (EAP) es un trastorno circulatorio común, aunque poco diagnosticado, que se caracteriza por el estrechamiento de las arterias que suplen sangre a las extremidades, afectando con mayor frecuencia las piernas y los pies. La reducción del flujo sanguíneo, frecuentemente causada por la acumulación de placa arterial, provoca síntomas como dolor en las piernas al caminar, mala cicatrización de heridas y, en casos avanzados, infecciones graves o amputaciones.

 

Además de las complicaciones en las extremidades, la EAP es un claro indicador de un mayor riesgo de infarto y accidente cerebrovascular, según los expertos de Baptist Health Heart & Vascular Care.

 

La EAP en las piernas suele ser una señal de aterosclerosis generalizada, que no es más que la acumulación de placa en las arterias del cuerpo, independientemente de su ubicación, afirma el Rennier Alejandro Martínez, M.D., cirujano general y vascular de Baptist Health, con una especialización en cirugía vascular y un enfoque profesional en condiciones vasculares complejas, como la reparación endovascular aórtica avanzada, la colocación de stents en la arteria carótida y la recuperación de extremidades.

 

“Cuando detectamos EAP, debemos analizar el riesgo cardiovascular general del paciente y enfocarnos en identificar trastornos concomitantes como cardiopatías que pueden provocar un ataque cardíaco, enfermedad de la arteria carótida que puede provocar infartos cerebrales y enfermedad aneurismática que puede provocar hemorragias o complicaciones potencialmente mortales”, señala el Dr. Martínez.

 

Comprendiendo la EAP y Sus Factores de Riesgo 

La EAP se desarrolla cuando los depósitos de grasa, llamados aterosclerosis, se acumulan en las arterias periféricas, lo que restringe el flujo de sangre rica en oxígeno. Aunque las primeras etapas pueden ser asintomáticas, las quejas comunes de las personas con EAP incluyen calambres o fatiga en las piernas durante la actividad física (claudicación), que se alivia rápidamente con el descanso.

 

El Dr. Martínez explica que a medida que la enfermedad progresa, las personas pueden experimentar dolor incluso en reposo, llagas que no cicatrizan, cambios en el color o la temperatura de la piel, o pérdida del pulso en el pie. Estos síntomas indican una enfermedad avanzada que requiere una evaluación urgente, enfatiza.

 

“El riesgo de EAP aumenta con la edad, especialmente después de los 50 años, y se ve aún más elevado por la diabetes, el tabaquismo (actual o pasado), la hipertensión arterial, el colesterol alto, la enfermedad renal crónica y los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular temprana”, afirma el Dr. Martínez. La diabetes y el tabaquismo aumentan el riesgo de retraso en la cicatrización de heridas y amputación de extremidades si la EAP no se trata adecuadamente, añade.

 

Aunque la EAP afecta a ambos sexos, las mujeres a veces resultan infradiagnosticadas, ya que pueden presentar síntomas atípicos o buscar atención médica más tarde. Los adultos de raza negra enfrentan una mayor prevalencia y complicaciones más graves con la EAP, incluyendo la pérdida de extremidades.

 

“Incluso en ausencia de síntomas clásicos, las personas en riesgo, especialmente aquellas con diabetes o antecedentes de tabaquismo, deberían someterse a pruebas de detección”, aconseja el Dr. Martínez.

 

Prevalencia e Importancia de la EAP 

La EAP afecta a aproximadamente 12 millones de adultos en EE. UU., según el American College of Cardiology, con una prevalencia que aumenta considerablemente en las personas mayores de 70 años. Sin embargo, muchos casos pasan desapercibidos, ya que los síntomas pueden no ser los clásicos o las personas pueden adaptar su actividad para evitar las molestias.

 

“Muchas personas asumen que su dolor de piernas se debe simplemente al envejecimiento o a la artritis, pero si el dolor se presenta al caminar y cede en reposo, puede sugerir una causa vascular”, afirma Nicholas Cortolillo, M.D., especialista vascular de Baptist Health Heart & Vascular Care.

 

“La buena noticia es que la EAP es tratable. Sin embargo, la detección e intervención tempranas siguen siendo fundamentales para reducir las complicaciones de esta enfermedad y mejorar la calidad de vida del paciente”, concluye el Dr. Cortolillo.

 

Reconociendo los Síntomas de la EAP

La EAP generalmente se presenta con claudicación, que ocurre cuando el paciente experimenta dolor en la pierna al realizar ejercicio, como calambres, pesadez o debilidad en la pantorrilla, el muslo o el glúteo, que desaparece con el reposo. Otras señales de EAP incluyen entumecimiento persistente, frío en la parte inferior de la pierna o el pie, llagas o úlceras que no cicatrizan, cambios en el color de la piel o el crecimiento del vello, y pulsos débiles o ausentes.

 

Algunos hombres también pueden experimentar disfunción eréctil cuando se presenta la EAP, afirma el Dr. Cortolillo. Además, los adultos mayores y las personas con diabetes pueden presentar síntomas atípicos, por lo que una evaluación exhaustiva es esencial.

 

En el caso de los pacientes con diabetes, los médicos vigilan de cerca sus pies, afirma el Dr. Cortolillo. "Una úlcera en el pie que no cicatriza en un paciente con diabetes debe tratarse como una emergencia vascular", afirma, y añade que "los chequeos de rutina y la reportar cualquier preocupación al médico” son la mejor defensa contra las complicaciones serias.

 

¿Cómo se diagnostica la EAP?

El diagnóstico de la EAP es sistemático y mínimamente invasivo, según el Dr. Cortolillo. Comienza con el historial clínico del paciente y un examen físico específico que puede incluir una o más de las siguientes pruebas:

 

  • Índice tobillo-brazo (ITB): Esta prueba comparativa de la presión arterial entre el brazo y el tobillo es una herramienta de detección primaria. Un ITB bajo indica un flujo sanguíneo deficiente y confirma la EAP.

 

  •  Imágenes de Ultrasonido (Ecografía): La ecografía dúplex evalúa el flujo sanguíneo e identifica los puntos específicos de estrechamiento.
     
  • Imágenes Avanzadas: En ciertos casos, la angiografía por tomografía computarizada o la angiografía por resonancia magnética proporcionan un mapeo detallado de las obstrucciones arteriales, especialmente si se considera una intervención.

 

  • Angiografía pon Catéter: A menudo reservada para la planificación compleja o de procedimientos, esta técnica visualiza las arterias desde el interior y puede combinarse con el tratamiento.

 

Las pruebas no invasivas, como el ITB y la ecografía, proporcionan resultados rápidos e informativos, señala el Dr. Cortolillo, mientras que las exploraciones avanzadas se reservan para quienes probablemente se beneficien de la revascularización.

 

Estrategias de Tratamiento

El manejo de la EAP tiene dos objetivos principales, según el Dr. Martínez. "Queremos reducir el riesgo cardiovascular para proteger el corazón y el cerebro, y también mejorar el flujo sanguíneo en las extremidades para preservar la movilidad y prevenir complicaciones serias".

 

Los planes de tratamiento para la EAP son individualizados, afirma el Dr. Martínez, pero suelen abarcar tres estrategias principales:

 

1.     Modificación del Estilo de Vida

Los cambios integrales en el estilo de vida constituyen la base del manejo de la EAP. Dejar de fumar es esencial, ya que el consumo de tabaco acelera las lesiones vasculares y aumenta el riesgo de amputación, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular.

 

Se ha comprobado que caminar de forma regular y estructurada (o realizar rehabilitación con ejercicios supervisados) mejora la distancia recorrida sin dolor y la función general. Los estudios demuestran que la mayoría de los casos de enfermedad arterial periférica se pueden tratar con ejercicio regular y la mejor terapia médica, que fortalece el corazón y ayuda al cuerpo a construir nuevos canales para el flujo sanguíneo.

 

Una dieta cardiosaludable, idealmente basada en el modelo mediterráneo, favorece el control de la presión arterial, el colesterol y el peso. Para quienes padecen diabetes o colesterol alto, es especialmente importante un control estricto de la glucemia y los lípidos. El cuidado diario de los pies, que incluye calzado protector y un control cuidadoso de las heridas, previene las úlceras y reduce el riesgo de infección.

 

2.     Medicamentos

La farmacoterapia para la EAP se centra principalmente en la reducción de los factores de riesgo y el alivio de los síntomas:

 

  • Agentes antiplaquetarios: La aspirina o el clopidogrel reducen el riesgo de ataque cardíaco y de infarto cerebral.

 

  • Estatinas: Las estatinas de alta intensidad reducen el colesterol y los eventos cardiovasculares.

 

  • Control de la presión arterial y la glucosa: Los inhibidores de la ECA o los ARAII, junto con el tratamiento personalizado de la diabetes, preservan la integridad vascular.

 

  • Alivio de los Síntomas: El cilostazol, un agente antiplaquetario con efecto vasodilatador, puede mejorar la capacidad de caminar en pacientes seleccionados, aunque no todos son candidatos.

 

3.     Revascularización

En pacientes con síntomas severos, limitaciones en el estilo de vida o heridas que no cicatrizan, la revascularización se hace necesaria. Los procedimientos endovasculares menos invasivos, como la angioplastia con balón, la colocación de stents y la aterectomía, suelen preferirse debido a los tiempos de recuperación más cortos. El bypass quirúrgico ofrece una solución duradera para la enfermedad extensa, especialmente cuando las opciones endovasculares son insuficientes. La elección de la intervención se adapta a la anatomía, las comorbilidades y los objetivos funcionales de cada individuo.

 

Estrategias en Evolución y Nuevas Terapias

La investigación en curso está ampliando rápidamente las opciones de tratamiento para la EAP, especialmente para personas con casos complejos o refractarios al tratamiento, afirma el Dr. Martínez. Los avances más destacados incluyen:

 

  • Bypass mínimamente invasivo: El bypass arterial transmural percutáneo (BATP) emplea tecnología endovascular avanzada para crear un bypass alrededor de las arterias obstruidas a través de los propios vasos sanguíneos del paciente. A diferencia de la cirugía de bypass abierto, el BATP se realiza mediante pequeñas punciones, lo que reduce las complicaciones quirúrgicas y permite una recuperación más rápida.

 

  • 2. Agonistas del receptor GLP-1: Estos medicamentos, desarrollados inicialmente para tratar la diabetes y la obesidad, se están estudiando en la EAP por su potencial para mejorar la capacidad de caminar, reducir el dolor y disminuir los eventos adversos relacionados con las extremidades y el corazón.

 

  • Terapias Regenerativas Celulares: Se están investigando enfoques celulares innovadores, en particular con células madre mesenquimales, para estimular el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis), mejorar la perfusión tisular y acelerar la cicatrización de heridas en la EAP grave y la isquemia crítica de las extremidades.

 

En la EAP, el Diagnóstico Temprano es Importante

La EAP representa un desafío considerable, pero sigue siendo manejable si se detecta a tiempo y se aborda sistemáticamente, afirma el Dr. Cortolillo.

 

“Si sospechas que tú o un ser querido puede tener EAP, no demores: las pruebas son simples y los tratamientos son eficaces”, afirma. “El diagnóstico temprano y un plan de tratamiento coordinado producen mejoras notables en la marcha sin dolor y la preservación de las extremidades y a salud general”.

 

Con el conocimiento de los factores de riesgo individuales, la atención a los síntomas clásicos y atípicos, y la adherencia a las estrategias de prevención y tratamiento basadas en la evidencia, el Dr. Cortolillo y el Dr. Martínez coinciden en que la mayoría de los pacientes pueden preservar la función de las extremidades y minimizar el riesgo de serios eventos cardiovasculares.

 

Haz clic aquí para más información acerca de Baptist Health Heart & Vascular Care.

 

 

Rennier Alejandro Martinez, M.D., cirujano general y vascular de Baptist Health Heart & Vascular Care

 

Nicholas Cortolillo, M.D., especialista vascular de Baptist Health Heart & Vascular Care

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