Una estudiante universitaria que parecía saludable: No pensé que pudiera ser un infarto cerebral (pero sí lo era)

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Publicado

29 de October de 2020


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Canon McClure, de 20 años, estudiante de tercer año en la Universidad de Miami, se despertó una mañana de agosto, luego de haber tenido un dolor de cabeza intenso el día anterior. Durante el transcurso del día, sin embargo, ella se percató de que algo andaba muy mal. Estaba sintiendo alguna debilidad en su lado derecho y se le hacía difícil comunicarse con las personas.

Sin tener ninguna condición subyacente, ni antecedentes familiares inquietantes algunos, la Srta. McClure estaba sufriendo de un infarto cerebral isquémico causado por una coágulo grande en el medio de su arteria cerebral media (MCA por sus siglas en inglés), como el equipo de respuesta de infartos cerebrales de Miami Neuroscience Institute pronto le diagnosticaría.

“Yo definitivamente sabía que algo andaba muy mal, pero en realidad no pensaba que pudiera ser un infarto cerebral”, recuerda la estudiante universitaria de Plano, Texas, quien cursa estudios de ejecución vocal con enfoque en música clásica y ópera en UM. “De verdad que no pensaba que los infartos cerebrales podían ocurrirles a personas de mi edad – y no había nada en mi historial de familia de ataque cardiaco o infarto cerebral o coágulos o nada”.

‘Esto era muy urgente’

Inicialmente, la Srta. McClure fue transportada a Doctors Hospital, parte de Baptist Health South Florida. Sin embargo, después que el médico de emergencia consultara con Kevin Abrams, M.D., jefe de la división de Neurorradiología de Miami Neuroscience Institute, fue transportada a Baptist Hospital, donde el Baptist Emergency Stroke Team (B.E.S.T.) tomó acción inmediatamente.

“Obviamente, esto era muy urgente”, dijo el Dr. Abrams. “Ella estaba en las primeras etapas de un infarto cerebral isquémico agudo (el tipo más común de infartos cerebrales). Cuando vi que tenía 20 años y no tenía tantos síntomas severos y los síntomas eran del día anterior, mi inquietud era que su caso pasaría desapercibido porque no parecía estar tan mal como demostró el CT”.

La Srta. McClure recuerda “un equipo completo de personas” esperándola en Baptist Hospital. También anticipando su llegada estaba Italo Linfante, M.D., director médico de neurorradiología intervencionista y neurocirugía endovascular en Miami Neuroscience Institute y Miami Cardiac & Vascular Institute.

“Comenzaron a hacerme preguntas: fecha de nacimiento, contactos de emergencia, ese tipo de cosa”, recuerda ella. “Y entonces llegamos a la puerta de la sala de tratamiento donde me iban a hacer el procedimiento y el Dr. Linfante comenzó a hablarme acerca de cómo iban a sacarme un coágulo del cerebro”.

El Dr. Linfante estaba listo para realizarle una trombectomía que le salvaría la vida. Es un procedimiento durante el cual un catéter es ensartado dentro de una arteria a través del cuello hasta llegar al coágulo que está causando el infarto cerebral.

“En ese momento, su cerebro estaba compensando muy bien por la falta de flujo de sangre. Por eso, ella no tenía ningún déficit neurológico severo. Sin embargo, dado el gran tamaño del coágulo y la ubicación del bloqueo, si no hubiéramos abierto la arteria para reestablecer el flujo de sangre, estos pacientes empeoran y pueden quedarse permanentemente discapacitados o pueden morir”, dijo el Dr. Linfante. “Pudimos llegar hasta la arteria cerebral media y moverle el coágulo, el cual era muy denso y bien formado y por consiguiente no se hubiera disuelto espontáneamente sin nuestra intervención”.

Antes del procedimiento, el Dr. Linfante recuerda haber llamado a los padres de McClure, quienes viven en Texas. “El Dr. Linfante habló con mis padres, y las enfermeras también hablaron con ellos y pudieron hacerlos sentir un poco más tranquilos de lo que me iba a pasar”, dice la Srta. McClure.

De vuelta a ‘todas las cosas que antes hacía’

La Srta. McClure recuerda sentirse mejor con su capacidad para comunicarse plenamente, enseguida después del procedimiento, el cual toma menos de 30 minutos.

“Fue básicamente cuestión de salir de la anestesia y comencé a sentirme casi normal”, dijo ella. “Tomó una o dos semanas, pero eventualmente toda la sensación volvió a mi lado derecho. Ahora puedo hacer todas las cosas que antes hacía”.

El Dr. Abrams dijo que el Dr. Linfante le envió una foto del coágulo que extirpó de su arteria cerebral media. “Me dijo que le había ido muy bien y que estaba muy contento”, dijo el Dr. Abrams. “Eso me alegró mucho. Ella tiene 20 años y yo tengo dos hijos alrededor de la misma edad que también están en la universidad, así fue algo muy personal para mí”.

‘Un hueco en el corazón’: Resuelto el misterio del infarto cerebral

¿Cómo podía una jovencita de 20 años en buen estado de salud sufrir un infarto cerebral? Después que la Srta. McClure se realizó todas sus pruebas y exámenes, ese misterio se vio probablemente resuelto, explica el Dr. Linfante. La Srta. McClure había nacido con lo que se conoce como un “hueco en el corazón”. En términos médicos le llaman un “patent foramen ovale”, o PFO, que es esencialmente un hueco en la pared del tejido (septum) entre la cámara superior izquierda y la cámara superior derecha del corazón.

Al nacer, el foramen ovale usualmente se cierra y en pocos meses se sella por completo en alrededor de un 75 por ciento de los nacimientos. Cuando permanece abierto, se le llama PFO. Para la gran mayoría de los millones de personas con PFO, eso no es un problema. Los problemas pueden surgir cuando la sangre contiene un coágulo, que es lo que probablemente le ocurrió a la Srta. McClure, según el Dr. Linfante.

La Srta. McClure recientemente se sometió a un procedimiento mínimamente invasivo por el cardiólogo intervencionista Bernardo López-Sanabria, M.D. en Miami Cardiac & Vascular Institute, para cerrar el PFO.

“Tengo que tomar una aspirina todos los días (debido al infarto cerebral) como medida preventiva”, dice la Srta. McClure. “Me dijeron que cerrar el PFO reduce en gran parte mi riesgo de volver a sufrir otro infarto cerebral durante mi vida. Así que eso es muy reconfortante ya que cuando se sufre un infarto cerebral, hay más probabilidades de volver a sufrir otro”.

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