Una cirugía de quiste ovárico lleva a un diagnóstico sorpresa de cáncer para una mujer de Miami

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Publicado

4 de April de 2022


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Según cuenta Claryza Pujol, puede que ella haya sido la persona más sana a la que se le haya diagnosticado cáncer. A los 42 años, era la imagen de salud y de buena forma física. La esposa y madre de dos jóvenes adolescentes hacía ejercicio en el gimnasio y corría todos los días y era una ávida corredora de medio maratón. Pero a principios del 2018, tuvo que detenerse debido a un dolor persistente en la parte inferior de la espalda y una necesidad frecuente de orinar, síntomas que pensó que podrían indicar una infección renal.

La señora Pujol, una enfermera que ha trabajado durante los últimos 20 años como patóloga del lenguaje y especialista en alimentación y deglución en Miami, fue a ver a su ginecólogo. Él le realizó una sonograma pélvico, que reveló un gran quiste en su ovario izquierdo. “Pensó que podría ser un quiste benigno asociado con la endometriosis”, recuerda ella. “Pero maligno o benigno, había que extirparlo rápidamente”.

(No deje de verlo: Claryza Pujol habla de su tratamiento para el cáncer ovárico en Miami Cancer Institute. Video en inglés por Alcyene de Almeida Rodrigues.)

En caso de que se tratara de un cáncer, la Sra. Pujol quería que le operara un cirujano experimentado y especialista en cáncer de Miami Cancer Institute que pudiera extirpar la masa y determinar en ese mismo momento si era maligna. Fue referida a Troy Gatcliffe, M.D., oncólogo ginecológico del Instituto.

La Sra. Pujol agradeció el referido y se sintió muy cómoda después de consultar con el Dr. Gatcliffe. “Tiene una personalidad vibrante y genuina. Es el tipo de persona con la que puedes conectar inmediatamente”, dice ella. “Tiene un trato directo que resonó en mí como profesional de la salud: eso realmente me ayudó y me dio mucha tranquilidad”.

El Dr. Gatcliffe le explicó a la Sra. Pujol que había un riesgo entre bajo y moderado de que se tratara de un cáncer y que, dependiendo de lo que encontrara, podrían ser necesarios procedimientos adicionales una vez que la cirugía para extirpar su quiste estuviera en marcha. Le preguntó si estaba dispuesta a firmar un formulario de consentimiento antes de la cirugía y ella aceptó de inmediato. “Confiaba plenamente en él y en el nivel de atención de Miami Cancer Institute”, dice la Sra. Pujol. “Sólo le dije: ‘Haga lo que tenga que hacer; pase lo que pase, confío en usted'”.

Una sorpresa antes de la cirugía

La cirugía de la Sra. Pujol tuvo lugar en mayo del 2018. El procedimiento mínimamente invasivo se realizaría con pequeñas incisiones, prometiendo una rápida recuperación y un retorno más rápido a las actividades normales, lo que atrajo a la Sra. Pujol. Sin embargo, durante la cirugía, el Dr. Gatcliffe descubrió lo que parecía ser un tumor maligno de cinco a seis centímetros escondido dentro del quiste. También lo extirpó y envió una muestra al laboratorio de patología de Baptist Hospital para su análisis inmediato mientras la Sra. Pujol permanecía anestesiada en la mesa de operaciones. Los resultados llegaron rápidamente y las noticias no eran buenas. La Sra. Pujol tenía un cáncer de ovario de células claras en estadio IIB.

“Las mujeres jóvenes son referidas todo el tiempo con quistes de ovario. La gran mayoría de las veces, esos quistes son benignos, pero a veces pueden ser malignos”, señala el Dr. Gatcliffe. “Un referido a un oncólogo ginecológico para la estratificación del riesgo y la cirugía es realmente importante porque un cáncer no diagnosticado es ciertamente posible, como fue el caso de Claryza, que fue enviada con lo que se pensaba que era un quiste benigno y endometriosis.”

El Dr. Gatcliffe se preparó mentalmente para darle la noticia a Michael, el esposo de la Sra. Pujol, que había estado preocupado en la sala de espera mientras su esposa permanecía en observación en la sala de recuperación. Los dos hombres se conocían del gimnasio donde ambos hacen ejercicio regularmente. Fue un momento emotivo, más aún porque el Dr. Gatcliffe sabía que la madre del Sr. Pujol también estaba luchando su propia batalla contra el cáncer.

“A su madre le habían diagnosticado un cáncer de útero el año anterior y había tenido una recaída recientemente, justo unas semanas antes de la operación de su esposa”, recuerda el Dr. Gatcliffe, que dice que sólo podía imaginar lo que debió pasar por la mente de su amigo aquel día.

“Algo debió haber salido mal”

Cuando la Sra. Pujol finalmente despertó de la anestesia, supo por la hora del reloj que su cirugía había durado mucho más de lo esperado. “Sabía que algo debía de haber salido mal”, dice ella. El Sr. Pujol, con quien acababa de celebrar su 20º aniversario de matrimonio, vino a verla. Aunque ella todavía no había hablado con el Dr. Gatcliffe, sabía que se le había detectado un cáncer durante la operación, y sabía que su esposo lo sabía. No hablaron ni una palabra. En cambio, dice ella, “sólo nos tomamos de las manos, nos miramos y luchamos contra las lágrimas”.

La Sra. Pujol también sabía lo preocupado que debía estar su esposo. “Se enfrentaba a la posibilidad muy real de perder a su madre y a su mujer por causa del cáncer, y de tener que criar él solo a nuestros dos hijos”, reconoce ella. Sin embargo, una vez que pudo procesar su situación, le aseguró que estaría allí para él y los niños. “No me importa lo que sea, voy a vivir”, le prometió.

La Sra. Pujol, que se describe a sí misma como una persona muy positiva y, ante todo, una mujer de fe, estaba preparada para el siguiente paso en su experiencia de cáncer. En Miami Cancer Institute, dice el Dr. Gatcliffe, el protocolo de tratamiento para los pacientes con su tipo de cáncer incluye un régimen doble de dos medicamentos distintos, administrados una vez cada tres semanas durante un total de seis ciclos de tratamiento. “Esto ayuda a limpiar completamente las células cancerosas que puedan quedar después de la cirugía”, explica el médico.

Porque la Junta de Tumores de Miami Cancer Institute ya había estudiado su caso, la Sra. Pujol nunca sintió que necesitaba una segunda opinión. “Tenía plena confianza en el Dr. Gatcliffe”, dice la Sra. Pujol. “Y saber que un equipo multidisciplinario de especialistas de cáncer también había estudiado mi caso y estaba de acuerdo con sus recomendaciones fue muy reconfortante. Yo sabía que estaba en buenas manos”.

“No quiero que mis hijos me vean perder el cabello”

El Dr. Gatcliffe había advertido a la Sra. Pujol que, luego de un par de semanas de quimioterapia, podía esperar perder el cabello. “Tiene que hablar con sus hijos hoy mismo y asegurarles que todo va a salir bien”, le dijo el doctor. Sin embargo, compartir esta noticia con sus hijos no sería fácil, ya que ellos habían visto a su abuela perder el cabello durante su tratamiento contra el cáncer de útero. “Ver a su abuela así realmente los asustó”, dice la señora Pujol. “Realmente no quería que tuvieran que ver a su madre pasar por eso también”.

Un comentario casual de un amigo alertó a la señora Pujol de la existencia de la terapia de gorro frío, que algunos pacientes de cáncer han encontrado útil para minimizar la pérdida del cabello, un efecto secundario común asociado con los tratamientos sistémicos como la quimioterapia. Desesperada por que sus hijos no vieran a su madre perder el cabello como lo hizo su abuela, encargó uno inmediatamente, prometiendo utilizarlo al menos durante una sesión para ver cómo se sentía. El gorro llegó unos días antes de su primer tratamiento.

“La mañana de mi primera sesión de quimioterapia fue toda una producción en casa”, recuerda la Sra. Pujol. “Tuvimos que comprar un termómetro y una nevera llena de hielo seco, que hay que manejar con cuidado y con guantes. Una vez que el gorro alcanza los -48 grados (°F), te lo colocas en la cabeza durante la sesión y un par de horas después”.

Se dice que la terapia del gorro frío preserva el cabello durante la quimioterapia al inducir hipotermia en las venas del cuero cabelludo, lo que hace que los folículos se contraigan, impidiendo que los fármacos de la quimioterapia entren en el folículo. “Terminé utilizando el gorro durante las seis sesiones de quimioterapia: de seis a ocho horas en cada sesión y dos horas después”, dice la Sra. Pujol.

Aunque sí perdió un poco de cabello en la nuca y las patillas – zonas que el gorro no puede cubrir por completo – la Sra. Pujol afirma que pudo conservar el ochenta por ciento de su cabello durante el tratamiento. “Me compré una peluca, pero nunca la necesité”, dice ella. En su lugar, se la pasó a otra paciente de cáncer que estaba a punto de pasar por la quimioterapia, un gesto que siguen realizando otros pacientes, al parecer. “Por lo que sé, la peluca va ya por su sexto paciente”, dice ella.

“Mi cuerpo me traicionó”

Lo que se suponía que iba a ser una simple intervención quirúrgica – la extracción de un quiste ovárico – resultó ser algo muy diferente para la Sra. Pujol. Al shock de un diagnóstico de cáncer se sumaron las inquietantes preguntas sobre cómo su cuerpo, al que se había dedicado con tanto esmero a nutrir y cuidar, podía permitir que esto sucediera.

“Después de mi diagnóstico, sentí que mi cuerpo me había traicionado”, dice la Sra. Pujol. “Había trabajado tanto todos estos años para cuidarlo y protegerlo, y sentí que me había decepcionado”. Pero al continuar con sus tratamientos, la Sra. Pujol descubrió que el mismo cuerpo que creía que la había traicionado empezaba a volver a la normalidad. “Me sentí muy agradecida por la forma en que mi cuerpo podía recuperarse y sanarse”, dice ella. “Me hizo sentir realmente agradecida por mi salud y mi vida”.

Como se siente tan bendecida de estar viva, se esfuerza por devolver ese sentimiento a alguien que pueda estar luchando con su propia experiencia de cáncer. Ahora, cada vez que vuelve a Miami Cancer Institute para una cita de seguimiento, la Sra. Pujol se propone hacer algo por alguien ese día. “Incluso si es sólo decir una oración por alguien o ayudar a alguien a hacer algo ese día, quiero pagarlo de vuelta”.

“Me sentí tan apoyada”

La Sra. Pujol lleva casi cuatro años libre de enfermedad y ha vuelto a hacer todo lo que hacía antes de que le diagnosticaran el cáncer. Sigue visitando al Dr. Gatcliffe cada tres meses para un examen físico y pruebas de laboratorio y cada seis meses para una tomografía computarizada, y está deseando que llegue el año que viene para poder cumplir su quinto año de remisión y ser declarada oficialmente libre de cáncer.

La Sra. Pujol da crédito al Dr. Gatcliffe por haberle salvado la vida y dice que él sabe lo especial que es para ella y su familia. “No hay manera de agradecerle, no sólo por el nivel de profesionalidad y la atención médica, sino también por todas las demás cosas que hizo para apoyar mi resultado positivo”, dice ella. “Me sentí muy apoyada durante mi batalla contra el cáncer”.

Aunque se siente muy satisfecho con el progreso de la Sra. Pujol, el Dr. Gatcliffe se apresura a compartir el mérito con todo el equipo de Miami Cancer Institute, en particular con su enfermera practicante, Leandra Berrios, de quien dice que le ayuda cada día, atendiendo a los pacientes que reciben quimioterapia y supervisando su evolución. “Durante los primeros cinco meses del tratamiento postoperatorio inicial de Claryza, Leandra fue probablemente la persona más importante involucrada en su cuidado diario”, dice él.

En cuanto a la señora Pujol, ¿qué consejo tiene para otras mujeres que se enfrentan a un diagnóstico de cáncer de ovario? “Aguante, sea positiva y busque la lección en cualquier prueba en la que se encuentre”, aconseja ella. “Siempre se puede sacar algo positivo de la experiencia”.

La Sra. Pujol dice que, gracias a su fe, su familia y sus amigos, nunca se sintió sola durante su camino por el cáncer. Y aunque pueda sonar extraño viniendo de una sobreviviente de cáncer, dice que pasar por el cáncer resultó ser la experiencia espiritual más increíble de su vida. “Sentí realmente la presencia de personas que se preocupan por mí. Sentí que sus oraciones y pensamientos me levantaban”, dice ella.

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