Las directrices actualizadas para el colesterol resaltan una atención personalizada y un estilo de vida más saludable

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Publicado

19 de noviembre de 2018


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Las evaluaciones de salud más “personalizadas” y un mayor énfasis en los estilos de vida saludables son parte de las recomendaciones actualizadas en las directrices para el colesterol del 2018 de la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC).

Las nuevas directrices, presentadas durante el pasado fin de semana en una conferencia en Chicago, reafirman la importancia de la calculadora de riesgo, introducida en las directrices del año 2013, como una herramienta esencial para ayudar a los proveedores de atención de salud a identificar el riesgo de 10 años de un paciente para la enfermedad cardiaca. Este nuevo enfoque urge un aumento en la colaboración entre los médicos y sus pacientes, y resalta la importancia de las modificaciones al estilo de vida, incluyendo una dieta mayormente basada en las plantas, una reducción en el consumo de azúcar, evitar los alimentos procesados, el manejo del peso y el ejercicio regular.

La AHA y el ACC ahora urgen a los médicos a que hablen con sus pacientes acerca de los “factores que aumentan el riesgo”, que pueden proporcionar una perspectiva más personalizada del riesgo de una persona, tales como el tabaquismo, la presión alta y los altos niveles de glucosa en la sangre. Estos factores incluyen los antecedentes familiares y la etnicidad, además de ciertas condiciones de salud como el síndrome metabólico, las enfermedades crónicas del riñón, las condiciones inflamatorias crónicas, la menopausia prematura o la pre-eclampsia y los altos biomarcadores de lípidos (altos niveles de colesterol y de triglicéridos circulando en la sangre).

Aproximadamente uno de cada tres adultos en los Estados Unidos tiene altos niveles de colesterol de “lipoproteína de baja densidad” (LDL-C), también conocido como el colesterol “malo”, porque contribuye a los depósitos de placa grasa y al estrechamiento de las arterias. Alrededor de 94.6 millones, o un 40 por ciento de los adultos en los Estados Unidos tienen un colesterol total de 200, mg/dL o más alto. Los niveles de LDL-C (o colesterol malo) de 100 mg/dL o menos están vinculados con las tasas más bajas de enfermedad cardiaca y de infartos cerebrales.

“Las directrices actualizadas refuerzan la importancia de la vida saludable, de las modificaciones al estilo de vida y de la prevención”, dijo Ivor Benjamin, M.D., presidente de la American Heart Association. “Estas se han desarrollado en base al gran cambio de rumbo que hemos tomado en nuestras recomendaciones para el colesterol en el año 2013 de enfocarnos en identificar y en combatir los riesgos de por vida para la enfermedad cardiaca”.

Mientras que las estatinas aún siguen siendo los medicamentos más recomendados para reducir los niveles de colesterol, las nuevas recomendaciones indican que existen nuevas opciones de medicamentos para personas que ya han sufrido un ataque cardiaco o un infarto cerebral y que están en más alto riesgo para sufrir otro, o para aquellos con un riesgo más alto de sufrir su primer ataque cardiaco o infarto cerebral.

Los resultados de un estudio principal publicado el mes pasado encontraron que los adultos que son tratados con estatinas para controlar los altos niveles de colesterol – pero que aún tenían altos niveles de triglicéridos – tenían una rebaja de un 25 por ciento en su riesgo relativo para los ataques cardiacos, los infartos cerebrales y otros eventos cardiacos después de haber sido prescritos altas dosis de un EPA purificado, un ácido graso omega-3. Este nuevo estudio involucró altas dosis de un EPA recetado y que no estaba relacionado con los suplementos de aceite de pescado que se venden sin receta médica, enfatiza Jonathan Fialkow, M.D., Director Médico Auxiliar, Jefe de Cardiología y lipidólogo certificado con Miami Cardiac & Vascular Institute en Baptist Hospital.

“Esto es testimonio de la complejidad de tratar la enfermedad cardiovascular”, dice el Dr. Fialkow. “No es sólo una cosa, como el colesterol LDL. Hay muchos factores de estilo de vida que pueden contribuir, incluyendo la falta de sueño, un estilo de vida sedentario y los alimentos altamente procesados. Y aún estamos aprendiendo cosas nuevas. Debemos combatir tantas cosas como podamos, pero la gente en realidad tiene que vivir un estilo de vida más saludable y también reducir los factores ambientales que pueden contribuir a la enfermedad cardiovascular”.

En sus recomendaciones actualizadas, la AHA y la ACC resaltan que el colesterol alto a cualquier edad, puede aumentar el riesgo de por vida de una persona para la enfermedad cardiaca y para los infartos cerebrales. Además, enfatizan que un “estilo de vida saludable es el primer paso para la prevención y el tratamiento baja reducir ese riesgo”.

¿Tiene usted un problema con su colesterol?

Colaborar estrechamente con su médico es la única manera de saber con certeza si usted necesita tratamiento. Sin embargo, he aquí las recomendaciones generales de la American Heart Association (AHA), basadas en las directrices actualizadas:

  • Enfóquese en su estilo de vida. Se ha comprobado que la  alimentación saludable y la actividad física reducen los niveles de colesterol LDL (el colesterol “malo”) en la sangre.
  • Esté alerta temprano. Emplee un “enfoque de por vida” para reducir sus riesgos para la enfermedad cardiaca, los infartos cerebrales y otros problemas mayores. Si existen antecedentes familiares, es razonable evaluar a los niños desde tan temprano como los 2 años de edad.
  • Siga monitoreando. Las personas mayores de 20 años que no tienen enfermedad cardiovascular deben someterse a una evaluación de riesgo cada 4 a 6 años.
  • Las personas entre los 40 y los 75 años de edad tienen mayores probabilidades de requerir medicamentos.
  • Entre los muchos factores que pueden aumentar su riesgo:
  1. Un historial familiar de enfermedad cardiaca o infarto cerebral;
  2. Triglicéridos altos;
  3. Síndrome metabólico;
  4. Enfermedad crónica de los riñones.
  5. Condiciones inflamatorias crónicas tales como artritis reumática, psoriasis o VIH;
  6. Un historial de pre-eclampsia o de menopausia precoz;
  7. Etnicidad

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