Sobreviviendo los aneurismas cerebrales con atención avanzada

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Publicado

1 de junio de 2017


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Los aneurismas cerebrales – bultos en las paredes de los vasos sanguíneos – son como bombas de tiempo dentro de su cabeza. Mientras que no todos los aneurismas requieren reparación, todos deben ser monitoreados.

Cuando los aneurismas cerebrales sí necesitan reparación, los expertos de Baptist Hospital, el hogar del  Miami Cardiac & Vascular Institute y del Baptist Health Neuroscience Center trabajan en conjunto para repararlos de forma mínimamente invasiva, sin tener que abrir el cráneo. En vez de eso, los neurorradiólogos intervencionistas usan los vasos sanguíneos del cuerpo como vía hacia el cerebro, ensartando diminutos dispositivos a través de un catéter para sellar el aneurisma y fortalecer la pared del vaso sanguíneo.

“Estamos encontrando nuevas maneras de tratar los aneurismas que no se han reventado”, afirmó Italo Linfante, M.D., director médico de neurorradiología intervencionista en Miami Cardiac & Vascular Institute y en el Neuroscience Center. “Tenemos muchas herramientas nuevas en nuestro arsenal y la tecnología se está expandiendo más y más”.

“Hay nuevos dispositivos que salen al mercado casi todos los años”, añadió Guilherme Dabus, M.D., director del programa de becas de investigación en neurorradiología del Instituto y del Neuroscience Center. “No se reemplazan las unas con las otras pero sí están diseñadas para resolver un reto específico que tenga un aneurisma sobre otro”. (Los Doctores Dabus y Linfante están en la foto de arriba)

A veces, debido al tamaño de un aneurisma o a los síntomas del paciente, no hay tiempo para planear o pensar a través del procedimiento. Es una emergencia de vida o muerte. En el peor de los casos, el aneurisma ya se ha reventado, poniendo al paciente en riesgo de muerte o de tener una discapacidad permanente.

He aquí las historias de dos personas con devastadores aneurismas cerebrales. Contra todos los pronósticos, estas personas se recuperaron completamente luego de hacerse procedimientos de mínima invasión en Miami Cardiac & Vascular Institute que les salvaron la vida.

Gladys Pastrana:  ‘Sentí una sensación de fatalidad inminente’

Un día en el trabajo, Gladys Pastrana tenía dolor de cabeza, “pero no era nada grave”. Ella continuó con su trabajo como asistente administrativa en una compañía de seguro de Brickell Avenue.

Poco después, mientras se lavaba las manos en el baño, el dolor de cabeza de repente se convirtió en algo “severo, horrendo”. Ella se arrastró hasta una silla. “Recuerdo haber pensado ‘Dios mío me voy a morir aquí, completamente sola’. ‘Sentí una sensación de fatalidad inminente’”.

De algún modo pudo llegar hasta su escritorio, pero su jefe que era la única otra persona en la oficina, había salido. Ella se las arregló para llamar a su esposo, un agente de bienes raíces, para que la recogiera. Cuando llegó, ella le pidió que la llevara directamente a Doctors Hospital. “Me sentía como si estuviera a punto de explotar”, recuerda ella.

En la sala de emergencia, su presión sanguínea estaba en un alarmante 216 sobre 120 y la llevaron de inmediato al la máquina de tomografía computarizada (CT). “Ahí los escuché decir, ‘Oh, tiene un sangramiento en el cerebro’. Todo sucedió muy rápidamente después de eso”.

Con un aneurisma cerebral reventado, su vida corría peligro. De hecho, alrededor de un 40 por ciento de las personas con rupturas como esa no sobreviven, y dos tercios de los que sí sobreviven, sufren de algún daño permanente, según la Brain Aneurysm Foundation.

La Sra. Pastrana, que tenía 55 años en ese momento, fue transferida a Baptist Hospital, donde el Dr. Dabus orquestó  su atención inmediata. Un angiograma del cerebro le dio a los médicos un panorama más claro de los vasos sanguíneos que estaban involucrados, señalando el aneurisma sangrante. El angiograma también identificó otro aneurisma sin ruptura en su cerebro.

El Dr. Dabus alcanzó el aneurisma reventado ensartando un catéter desde una vena en la ingle de Pastrana, hasta llegar a su cerebro. Entonces selló el bulto sangrante con pequeños espirales de platino, creando una represa en la pared de su vaso sanguíneo. Luego de que Pastrana se recuperara por varios días, el Dr. Dabus he hiso un segundo procedimiento, usando un dispositivo parecido a un stent, conocido como un desviador de flujo o “flow diverter” en inglés, para hacerle un baipás al aneurisma sin ruptura de Pastrana.

La Sra. Pastrana quedó impresionada con la presencia serena del Dr. Dabus y con su habilidad para comunicar todo lo que estaba sucediendo, inclusive cuando su vida peligraba. “Él me lo explicó todo en términos simples y claros. No usó palabras médicas y verdaderamente le agradecí eso”, dijo ella.

La Sra. Pastrana dijo haber recibido una atención “excelente” por parte de los enfermeros y del otro personal durante su estadía de 15 días en Baptist Hospital. “Me hicieron sentir valorada”, dijo ella, “y creo que eso de verdad me ayudó a progresar en mi recuperación”.

Sorprendentemente, la Sra. Pastrana no necesitó hacer terapia de rehabilitación. No se sabe por qué algunas personas desarrollan aneurismas, aunque se cree que la genética, la presión alta y la enfermedad cardiovascular son factores de riesgo.

Los escanes de seguimiento siguen confirmando el éxito de las reparaciones de los aneurismas de la Sra. Pastrana. Ahora con 59 años, ella uso esa experiencia que pudo ser fatal para transformar su vida. “Bajé de peso. Me controlé la presión. Como alimentos integrales. Hago ejercicios todos los días caminando”.

Ella también atribuye su recuperación y su sentido de bienestar a su actitud positiva. “Tengo una buena disposición y tengo fe”, dijo ella. “Esas cosas son muy importantes también”.

Krystal Rountree: ‘Nunca pensé que iba a morir’

Krystal Rountree era una elocuente y divertida muchacha de 16 años cuando comenzaron sus síntomas. La adolescente de Boca Raton, que usaba lentes desde que era pequeña, comenzó a quejarse de ver doble ocasionalmente. Su madre la llevó a un optómetra.

Su optómetra se alarmó con algo que vio en la parte de atrás del ojo y refirió a Krystal a un oftalmólogo neurológico. Sin embargo antes de llegar a ver al médico, terminó en la sala de emergencia – dos veces – después de haber tenido una aparente convulsión. Le segunda vez, los médicos ordenaron un escán por tomografía computarizada (CT), el cual reveló un aneurisma enorme en su cerebro. De hecho, era tan grande que primero se pensó que era un tumor. Los médicos se quedaron sorprendidos ya que nunca habían visto algo igual. El grave pronóstico hiso llorar a una enfermera de la sala de emergencia.

El neurólogo de guardia dijo que el hospital del Condado de Palm Beach no estaba equipado para tratar el caso. De hecho, solo un puñado de especialistas en el mundo tenían la experiencia y la pericia para tratar de salvarle la vida a Krystal, según le dijeron a su familia.

Afortunadamente para Krystal, uno de esos especialistas estaba cerca. El Dr. Linfante ha visto alrededor de una docena de aneurismas “gigantes” en casi una década con Baptist Hospital, donde las suites de intervención están equipadas con la tecnología más sofisticada que existe para reparar aneurismas cerebrales.

Aún así, los riesgos de un procedimiento como ese eran desalentadores. Los aneurismas gigantes, los cuales miden al menos 25 mm (alrededor de una pulgada) representan solo alrededor de un 1.5 por ciento de todos los casos de aneurisma cerebral en Baptist Hospital. El no hacer nada, según el Dr. Linfante, era una como “una sentencia de muerte”. La única esperanza era la intervención.

Sin desalentarse, Krystal nombró a su aneurisma Eugene. Ella sorprendió a sus cuidadores con su actitud positiva a medida que los que la rodeaban consideraban la grave realidad de su situación. Inclusive el Dr. Linfante sabía que tomaría un milagro para que su joven paciente tuviera una completa recuperación.

“Las personas a mi alrededor decían que probablemente moriría, pero yo sabía que iba a vivir”, recuerda la Srta. Roundtree, que hoy tiene 20 años. “Nunca pensé que iba a morir. Yo sabía que el Dr. Linfante era la mejor persona posible para hacer el procedimiento”.

Con un equipo esperando para hacerle una cirugía abierta si fuera necesario en caso de que el procedimiento mínimamente invasivo del Dr. Linfante no era exitoso, los médicos llevaron a Krystal a la suite de intervención.

Luego de ensartar un catéter dentro de su cerebro, el Dr. Linfante se detuvo. No existía dispositivo o tecnología para domar un aneurisma de ese tamaño. Él tuvo que improvisar, juntando cuatro “flow diverters”, un dispositivo que era experimental en ese entonces, utilizado para redirigir el flujo de sangre de los aneurismas más pequeños. El implante, descrito como un “smart stent” reconstruye la arteria, así secando el aneurisma. Luego de múltiples intentos y muchas horas, el Dr. Linfante tuvo éxito en hacerle un baipás al aneurisma, formando un puente para conectar dos pedazos saludables de la arteria.

Cuando despertó del largo procedimiento, ella le dijo al Dr. Linfante: “Gracias por salvarme la vida”. Ese fue el comienzo de una amistad muy especial que ha perdurado en los cuatro años desde la crisis de Krystal. Ellos se mantienen en contacto por medio de los medios sociales y por teléfono celular.

La Srta. Roundtree tiene planes de estudiar botánica en Florida Atlantic University y está interesada en cuestiones de energía solar y sostenibilidad.

Durante su visita de seguimiento después de dos años con el Dr. Linfante, un angiograma por CT mostró un vaso sanguíneo perfectamente remodelado donde una vez estuvo el aneurisma. “Lucía precioso”, dijo el Dr. Linfante. El sentimiento tan gratificante es difícil de explicar para el médico.

“Este fue definitivamente uno de los casos más difíciles que he tenido”, dijo él. “Ella era una jovencita sentenciada a morir o a quedar impedida y ahora está llevando una vida normal”.